Mireia Comas: Radiografía de un sinsentido.

Fem Sindicat Notícies / 16 desembre, 2020

 Texto y foto: F.L. del Pino Olmedo

Tal vez una de las peores cosas que suceden en el mundo del periodismo gráfico (y del periodismo en general), es ser víctima de la incompetencia y “exceso de celo” policial. En este caso, los agentes son patrulleros de los Mossos d´Esquadra destinados en Terrassa, y la protagonista muy a su pesar, una fotógrafa ya veterana, Mireia Comas.

Aquí no se juzga ni al Cuerpo ni la represión violenta en muchos casos, o las arbitrariedades cometidas, sobre todo, por la Brigada Móvil (BRIMO). En este caso, se trata de la actuación de una mossa y sus tres compañeros en la detención de una fotógrafa que, a todas luces, intentaba desempeñar su misión durante un desahucio en la ciudad de Terrassa.

La inminente sentencia del juicio celebrado el día 2 de diciembre a puerta cerrada (por causa de la Covid) en Terrassa que, dictaminará si Mireia Comas, es inocente o culpable de los delitos imputados por los agentes autonómicos de la Generalitat, ha suscitado un gran interés entre los compañeros del oficio. No solo por pertenecer a la UPIFC, de la que es afiliada desde hace bastantes años, sino, dada su larga trayectoria como fotógrafa y especialista en temas sociales (ocupaciones, desahucios y demás), ser sobradamente conocida en la profesión. Prueba de ello son las numerosas muestras de apoyo de periodistas y fotógrafos que se reunieron a la entrada de los juzgados el día del juicio.

 Los hechos según Mireia Comas

La mañana del 13 de octubre del corriente, la fotógrafa se enteró por WhatsApp que se estaba produciendo un desalojo de la vivienda donde vivían una joven y su bebé; tardó un poco en ponerse en marcha, porque estaba realizando un trabajo. Pero en cuanto lo acabó se dirigió a la casa en cuestión, donde se encontró cuatro agentes de los Mossos d´Esquadra que ya habían accedido dentro del domicilio, y querían proceder a la detención de la joven que allí vivía, junto a su bebé de seis meses. Detención que se estaba alargando por la intervención de varias amigas de la chica que no querían se llevarán los Servicios Sociales a la criatura.

“Solo llegar”, explica M.C., “los mossos me dijeron que me fuera, a lo que les respondí que era fotoperiodista. Me pidieron la acreditación y la mostré. Mientras la examinaban, uno de ellos (de más de dos metros y 130 kilos de peso, como afirmó el mismo en el juicio), se colocó enfrente mío y empezó a amenazarme diciéndome que si hacía fotos me quitaban la cámara. Empecé a discutir haciendo valer mi derecho como profesional para hacer mi trabajo…Bueno, la discusión de siempre, hasta que otro de los mossos dijo “subirla al piso de arriba y la dejáis retenida”. Cuando lo oí me negué absoluta y rotundamente, y dije yo aquí no me quedo, si no me dejan hacer fotos me marcho. Lo que no voy a hacer, pensaba, es ir a un sitio donde nadie me ve con cuatro agentes, cuando ya he pasado por la paliza que me dieron ocho policías antidisturbios de la nacional.”

“¿Es una niña? Si parece un marimacho?”

La memoria tiene guardados ciertos momentos ingratos que solo se activan ante el temor de reproducirse en la realidad. Mireia Comas, en aquellos instantes, sintió pánico de que sucediera de nuevo una versión, en la que solo cambiarían los uniformes de los antidisturbios nacionales, por la de los mossos y, a su pesar, rememoró lo sucedido hace ya más de veinte años.

Fue en Sabadell durante una manifestación en 1998, trabajando un reportaje sobre movimientos sociales y okupas, para el Institut d´Estudis Fotografics, mientras junto con otros periodistas, procuraba no le alcanzaran las piedras que lanzaban la gente…”Yo vi como venía la policía a través de la cámara, y que lo hacían en mi dirección, no en la de los manifestantes. Me agarraron directamente, me tiraron al suelo, y a comisaría. Hay un video donde se ve mi detención y se oye “A por ella”, y los antidisturbios de la Nacional que van directos a por mí”, explica.

Ya en comisaría le piden la cámara y la película (rollo) y, lógicamente, se niega a entregarlo, y además les recuerda que es ilegal su incautación. Surge un personaje, viejo conocido de Mireia, un policía secreta que la detuvo un año antes en otro episodio desgraciado e ingrato. El “secreta” grita al resto “que se la saquen como puedan”, y la llevan a una habitación, donde uno la sujeta, tres se van turnando para pegarle, y los otros cuatro se van riendo: “ja, ja, ja, mirad como llora, parece una niña.” “¿Es una niña? “ “Si parece un marimacho”. Y continúan mofándose y golpeándola hasta que la dejan en el suelo al comprobar que le costaba respirar. Después, directa a una celda.

“No me querían llevar al hospital como les pedí, y empecé a gritar sin parar hasta que vinieron dos policías y me trasladaron. En cuanto entramos le dijeron al médico: ¡Oye, no te mojes mucho! El médico se fue un momento para volver y sin reconocerme en absoluto, solo dijo, “abre la boca”, me introdujo dos pastillas en la boca, y al minuto me quedé adormecida. Regresamos a la comisaría, llevándome de nuevo a la celda, y pasé la noche durmiendo.”

Al día siguiente, Mireia Comas pasó al Juzgado; después la soltaron, y todavía no sabe porque no hubo juicio contra ella. “No sé, no me acuerdo. Pero, yo sí puse una denuncia contra los policías en cuestión; y esta denuncia, ha sido a los cinco años más o menos, la única contra policías puesta aquí que llegó a la Audiencia, y se iba a celebrar el juicio. Pero, después de estas dos detenciones, estuvieron machacándome mucho. Me seguían por la calle, la presión fue constante durante un tiempo…Y cuando conseguí olvidarme del asunto, llegó el día del juicio, harta de todo, retiré la denuncia” ¡”Lástima, me arrepiento. Pero estaba agotada!”

Órdenes contradictorias

Regresando al relato actual, M.C. cuenta que en el mismo momento que oyó la palabra (“retenida”), quiso escapar a la calle, aleteando el miedo en su memoria por lo sucedido años atrás. Recuerda a tres de los agentes muy cerca de ella, y a la mossa delante tapándole parcialmente la salida. Al intentar pasar le dio un golpe para apartarla y abrirse camino al exterior. “La aparté o empujé un poco, pero nunca en plan agresión, nunca. Fue en plan escapar de ahí…Y ella me detuvo” M.C. entiende que no podía irse del lugar cuando los agentes tenían intención de detenerla, pero se queja que la mossa lo hizo con una gran violencia. “De repente, me moví uno o dos metros y quedé contra la pared sintiendo su codo presionando mi garganta, ahogándome. Fue tan brutal, que hasta el más alto y fuerte de sus compañeros le dijo que se relajara, porque estaba fuera de sí, se volvió loca…Y luego, cuando ya me tenía esposada, empezó a justificar su agresividad, diciendo estaban en Alerta 4 de Terrorista, y debía entender que si le daba un golpe no sabía si la iba a apuñalar”. La agente es más alta que M.C. y tiene mayor envergadura. Unos quince kilos más de los cincuenta que pesa la fotógrafa.

Explica que, poco después y más relajadas ambas, estuvieron hablando, y que a punto estuvo de quitarle las esposas de acero –las había cerrado tan fuerte que le estaban lastimando las muñecas- “porque se dio cuenta que nada de aquello tenía sentido”. “Volvió a justificarse, no por la detención, sino por la desproporcionalidad de la actuación”. Pero, cuenta que “su amigo, el mosso de los dos metros” se negó a ello. Sus palabras le llegaron perfectamente claras: “No, porque está acusada de atentado a la autoridad y si la dejamos ir creará un precedente dentro del Cuerpo de Mossos d´Escuadra”.

La tuvieron una hora allí de pie mientras finalizaban el desalojo, y acto seguido la introdujeron en un coche patrulla, donde permaneció media hora más con las manos esposadas detrás. “Estaba muy incómoda, porque además me pusieron el cinturón que no te permite nada de movilidad. Al final, como me estaba ahogando por un ataque de ansiedad, y no ayudaba el tener la mascarilla puesta, empecé a dar golpes con la cabeza en el cristal que llamaron la atención de un agente, quien me abrió un poco la ventanilla al comprobar que me costaba respirar. El equipo gráfico que me habían quitado, lo pusieron a mi lado con mi chaqueta. Y por fin, partimos hacia la comisaria de los mossos de Terrassa”.

Resalta M. C. el buen trato que recibió en comisaría. “De repente todos fueron realmente amables, muy simpáticos. Incluso los violentos que me habían detenido allí eran la mar de majos, haciéndome bromas… El agente que me hacía las fotos solo al llegar me dijo: “Tendrías que ser tú quien debería estar haciéndome las fotos a mí”. Otro se acercó y me dijo: ”realmente no sé qué haces aquí. No entiendo porque te han traído” Y cuenta que así se comportaron todos los agentes con los que trató en el recinto policial. “Hasta el celador que estaba a cargo de las celdas, cuando me llevaron a una y pedí agua, mantas y comida, fue muy solícito. Me asistieron perfecto en todo”.

Este cambio de actitud tan sorprendente respecto a lo acontecido en la detención, a juicio de la fotógrafa se debe a que se dieron cuenta que, a quien habían detenido, no era una periodista cualquiera y desconocida. Y empiezan a sospechar que han metido la pata cuando le preguntan nada más llegar quien es su abogado para llamarle. “Claro, al oír que es Andreu Van den Eynde, el abogado de Junqueras y Romeva, dos de los actores del Procés, además de mi primo, se quedaron un poco impresionados. Reconozco que el trato fue ejemplar; incluso el caporal me dijo iba a dejar la detención sin efecto, y que me iba a casa a dormir.”

Al llegar su abogado a comisaría la hacen subir para hablar con él, y ve como el caporal le saluda y se marcha dejándoles solos. Lo primero que le dice su primo es que no entiende lo que pasa, ya que durante todo el día le han asegurado varias veces que iban a dejar sin efecto la detención, y ahora que se quedaba detenida en comisaría. Mireia Comas entró en el recinto policial a las 15,00h y se reunió con su abogado a las 19,30h. Durante ese tiempo algo había sucedido que contradecía la presunta puesta en libertad de la fotoperiodista.

“Mi primo no entendía el cambio de criterio y me decía que había pasado algo raro y que eso le preocupaba. Al cabo de veinte minutos volvió el caporal y nos dijo que al final le habían dado permiso para hacer lo que creyera más conveniente, y había decidido que podía marcharme a casa.

Un atestado rehecho

“Cuando le leen el atestado policial a mi primo y lo hablamos, ya veo toda la película que se han montado. Los mossos dicen que he cogido a la agente por el chaleco con la mano izquierda-en la llevaba la cámara- y cuando ha conseguido librarse de mí, como si le costara, aseguran que una segunda vez me he abalanzado contra ella y le he empezado a dar puñetazos con la mano izquierda. O sea que, yo con una sola mano y ella no hacía nada más que dejar que le pegara. Y luego, continúa el relato del atestado, que necesitó a dos agentes más para reducirme”.

También decía el atestado que leyeron a su abogado que M.C. no se había identificado como fotoperiodista. “Pero ese atestado” afirma, “cuando llega al juzgado ya ha cambiado, y en su lugar dice que sí me he identificado al llegar al lugar del desahucio”. Ella cree que este cambio en el atestado se debe a las llamadas que reciben en comisaría del Col·legi de Periodistes, de la UPIFC, y demás, pidiendo explicaciones del motivo de su detención. “Supongo que viendo el revuelo suscitado se dijeron que no iban a mentir en eso, porque sabían todos que era fotoperiodista”.

El juicio

Fue un juicio casi enteramente femenino, pues salvo el abogado de Mireia Comas, tanto la fiscal, la abogada de los mossos, y la juez, eran mujeres. La percepción de la fotógrafa es positiva porque “la fiscal parecía que a quienes estaban juzgando era a los mossos y no a mí”.

Los mossos cayeron en numerosas contradicciones durante sus testimonios, según M.C. “La fiscal no paraba de preguntarles todo, hasta el mínimo detalle, y los apretaba mucho, con lo que empezaron a contradecirse de su propia declaración original. Aunque se notaba que tenían muy bien aprendido lo que decir, no estaban preparados si los presionaban…Aquello no se aguantaba por ningún sitio”.

Cuando le llegó el turno a la mossa d´ esquadra que, comenta M.C. llevaba toda la documentación de la Mutua de Terrassa, manifestó que había estado diecisiete días de baja, y que los dos puñetazos que la acusada le había propinado, le habían causado un dolor que aún persistía. Por ello, se reafirmó, todavía estaba haciendo recuperación. “Pero, ante las puntualizaciones de los hechos que le preguntaba la fiscal, acabó poniéndose muy nerviosa”.

Le tocó el turno al médico forense que había examinado el primer día a la mossa, quien le explica su dictamen al fiscal. “y llega”, dice la fotógrafa, “la primera contradicción del médico con la versión de la agente. Él defiende que mis puñetazos no le han dejado marca, porque el chaleco la ha protegido. Y asegura que no deja marcas, pero el dolor puede apreciarse igual. Pero, la fiscal le dijo: “hace cinco minutos la mossa d´esquadra nos ha explicado que justo la golpeó fuera del chaleco, directamente en la camisa” “Y aquí, comenta M.C. “ya el médico también pierde los papeles”. La fiscal continuó insistiendo al preguntar lo fuerte que ha de ser un puñetazo para, sino ha dejado marca, dejar lesión. “Al final, tanto la fiscal, como mi abogado, apuntaron en la dirección de si la lesión que dice sufrir la agente es compatible en una detención realizada con fuerza desproporcionada, y que ella misma se pudiera   haber lesionado”.

La juez a criterio de la M.C. estuvo muy bien. “Ya que de inicio aceptó un testimonio nuevo que presentó mi bogado. Y además, igualmente concedió que yo declarase la última, para que pudiera escuchar la versión de los mossos, y después defenderme” Mireia Comas repitió su declaración inicial. “Yo estaba tranquila, porque cuando explicas una verdad no te equivocas, ya que explicas lo que ha pasado”.

El testigo nuevo

A las tres semanas aproximadamente de haberse realizado el juicio, Mireia Comas estaba en compañía de otro fotógrafo en un control de mossos, haciendo fotos en Terrassa de las incidencias del toque de queda. Estaban acreditados y no tuvieron ningún problema, hasta que se produjo la detención de un joven que iba muy embriagado. Los agentes del control pidieron apoyo para que se llevaran al detenido, y seguir en su puesto.

Cuando llegó el refuerzo policial, de uno de los coches patrulla baja la mossa que había detenido a Mireia Comas, “y solo verme se puso fuera de sí gritando por el walkie para que la oyéramos: “procedan a la identificación de Mireia Comas que está aquí presente”, y vino directa hacía nosotros. Le dijimos que nos habíamos acreditado, que llevábamos rato con sus compañeros, pero todo fue inútil. Le tuve que sacar todos los papeles, las cartas… se lo leyó todo, intentando encontrar algo para meterme una multa o lo que fuera. Y luego empezó a recriminarme cuanto había dicho. Yo le recordé que teníamos un juicio pendiente y que no me sacara el tema. Que cuando nos viéramos, ella a su trabajo y yo al mío. Se marchó para regresar al cabo de unos minutos, y otra vez con recriminaciones. Se encaró con el compañero fotógrafo diciéndole “vaya con quien te juntas, y después siguió machacándome, hasta que cogí al compañero y nos fuimos”.

Este fotógrafo es el testigo que a requerimiento de su abogado y, gracias a la juez que lo aceptó, “podía mostrar como la agente se había obsesionado conmigo, hasta el punto de ponerme una denuncia particular”. Lo que parece a tenor de los hechos que narra la fotógrafa, es que la mossa parece un tanto inestable, y habrá que preguntarse, si se demuestra que es cierto ¿que hace de servicio en la calle alguien así?. Claro que también, habrá que estar atentos a lo que sucede con todo el grupo que, siempre si se demuestra, ha mentido bajo juramento, y cometido lo que roza una detención ilegal, en la persona de una fotoperiodista acreditada y trabajando.

Dentro de unas horas se emitirá la sentencia del juicio, coincide con el cumpleaños de Mireia Comas, si sus percepciones son ciertas, y la justicia cumple con equidad, como todo parece apuntar, tendrá un motivo y una razón para celebrar el 18 de diciembre de 2020. En caso contrario, la lucha por la verdad se iniciará de nuevo.

L’A Redacció / 16.12.2020

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